Amor a las criaturas

Cristianismo

Cuando se lavaba las manos, escogía un lugar donde el agua de las abluciones no fuera luego pisada. Cuando tenía que caminar sobre las piedras, su paso era tímido y respetuoso por amor de aquel que es llamado piedra.

         Si recitaba el pasaje del salmo: Me pusiste en alto sobre la roca; por reverencia y devoción lo cambiaba, diciendo: «Bajo los pies de la roca me has levantado». Al hermano que hacía leña para el fuego le recomendaba que no cortase el árbol entero, sino una parte tan sólo, para que continuara viviendo la planta. Esto mismo mandó a un hermano del lugar donde él residía.

         Al hermano que cultivaba el huerto le decía que no dedicara todo el terreno al cultivo de verduras comestibles, sino que reservara parte de él, para que produjera hierba verde y a su tiempo las hermanas flores. Más aún: decía que el hermano hortelano debía tener en algún lugar del huerto un hermoso jardín donde cultivase toda clase de hierbas aromáticas y de plantas de bellas flores, a fin de que en su estación invitasen a la alabanza de Dios a cuantos las contemplasen, porque toda criatura dice y proclama: «Es Dios quien me creó para ti, ¡oh hombre!»

         Nosotros que hemos vivido con él hemos podido apreciar cómo hallaba en casi todas las criaturas un motivo de alegría íntima, que se manifestaba interiormente; cómo las acariciaba y las contemplaba amorosamente como si su espíritu estuviera no en la tierra, sino en el cielo. Y es verdadero y manifiesto que, a causa de los muchos consuelos que había recibido y recibía en las criaturas de Dios, compuso poco antes de su muerte unas Alabanzas del Señor por sus criaturas, para mover los corazones de los que las escuchasen a la alabanza de Dios y a fin de que el Señor fuera alabado por todos en sus criaturas.

 

Anónimo, atribuido a León de Asís en La leyenda de Perusa c. 1246.

Dominio Público.

 

Comentarios

De Francisco de Asís se podría decir que es un santo atípico en el cristianismo, entre otras cosas por su evidente amor al mundo natural, al cual veía como vía hacia el mundo espiritual y las alturas de lo divino. Este hecho, dentro de una religión que, desde los primeros siglos, intentó trazar una línea radical de separación con todo cuanto fuera natural, instintivo e incluso intuitivo –considerándolo como pecaminoso o, cuando menos, vía de tentación y perversión para el ser humano– hace de Francisco un verdadero innovador espiritual en su tradición. De este modo, el místico de Asís abrió un camino de conexión entre los fieles cristianos y su entorno natural, propiciando una oportunidad para el desarrollo de una espiritualidad profunda a través de la simple contemplación de la naturaleza.

 

Fuentes

  • Anónimo (2006). Amor a las criaturas. En La leyenda de Perusa (párrafo 88). Palma de Mallorca: Franciscanos T.O.R.

 

Texto asociado de la Carta de la Tierra

Principio 2: Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.

 

Otros fragmentos de la Carta que puede ilustrar

Preámbulo: Los retos venideros.- La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida.