El origen de los árboles de hoja perenne

 Pueblo Buriato – Rusia, Mongolia, China

 

En el principio de los tiempos, el Padre Cielo tuvo dos hijos, a los que llamó Ulgen Tenger y Erleg Khan. A Ulgen le dio el dominio del mundo superior, mientras que a Erleg lo ponía de señor del inframundo.

El mundo estaba compuesto sólo de agua, pero Ulgen consiguió crear la tierra. Con la mezcla de la tierra y el agua, Ulgen comenzó a moldear animales, hasta que, finalmente, moldeó a los seres humanos de una forma especial, para que fueran inmortales. De este modo, cuidarían mejor de todo lo que él, Ulgen, había creado.

Pero Erleg, envidioso de la obra de su hermano, y temiendo que los humanos cuidaran demasiado de lo que Ulgen había creado, se acercó a los humanos y les escupió, con la intención de que padecieran enfermedades y murieran al fin.

Y así fue como los seres humanos nacieron también con la sombra de la muerte a sus espaldas, al igual que el resto de seres, incluso los árboles, que en su origen perdían todos ellos las hojas durante el invierno.

Tiempo después, el Cuervo se enteró de lo que había sucedido, de cómo Erleg, por envidia, había condenado a la humanidad a morir, y se apenó por los seres humanos. Estuvo varios días dándole vueltas en la cabeza a lo sucedido, triste al pensar en cómo sería la vida para los humanos si fueran inmortales.

Al final, un día, se le ocurrió una idea con la cual subsanar el mal provocado por Erleg. Por aquel entonces, había una grandísima montaña en el centro del mundo, una montaña llamada Humber Ula, cuya cima alcanzaba los cimientos del mundo superior. Y en su cúspide, en contacto permanente con el mundo superior, crecía un álamo dorado de hojas plateadas, junto al cual brotaba un manantial de agua pura, el Manantial de las Aguas de la Vida.

El Cuervo sabía que, quienquiera que bebiera de aquellas aguas recobraría la salud y viviría para siempre, pero el camino hasta la cima del Humber Ula era imposible para los seres humanos, por lo que jamás podrían acceder a aquellas aguas.

«Pero, ¿y si les llevo yo un poco de agua y los hago inmortales», pensó el Cuervo.

Y, pensado y hecho, el Cuervo voló hasta la cima del Humber Ula, se posó al borde del Manantial de las Aguas de la Vida y recogió tanta agua como pudo en su pico, para, a continuación, salir volando en dirección al poblado donde vivían los primeros humanos.

Pero éstos vivían junto a una arboleda de pinos y, cuando el Cuervo cruzó los cielos sobre ella, asustó sin proponérselo a un búho, que, sobresaltado, ululó con fuerza. Y el grito del búho sobresaltó a su vez al Cuervo que, abriendo el pico asustado, dejó caer la milagrosa agua sobre la arboleda. Y así fue como los pinos originarios, de donde surgirían después todas las coníferas, dejaron de perder las hojas en invierno.

«Pero, ¿por qué el Cuervo –se preguntan aún algunas personas– no volvió a por más agua al Manantial de las Aguas de la Vida?»

Nadie lo sabe a ciencia cierta. Unos dicen que quizás la magia sólo podía funcionar una vez, pero otros afirman que el señor del inframundo, Erleg Khan, al enterarse de lo que había intentado el Cuervo, subió al mundo superior a protestar ante su hermano Ulgen, para hacerle ver que, si los humanos no morían y pasaban un tiempo en el inframundo con él, ¿qué súbditos podría tener él como señor del inframundo?

 

Adaptación de Grian A. Cutanda (2020).

Bajo licencia Creative Commons CC BY-NC-SA.

 

Comentarios

Este mito forma parte de la tradición oral del Pueblo Buriato, que es el grupo étnico minoritario más numeroso de Siberia, aunque son de origen mongol y comparten con ellos muchas características. Su tradición oral se mantuvo como única vía de conocimiento hasta el siglo xvii, cuando este pueblo adoptó un alfabeto.

Precisamente, eran los cuentos, mitos y leyendas la forma a través de la cual transmitían la sabiduría ancestral. Como en otras muchas tradiciones orales, estos relatos –los uliger– solían explicar a los más jóvenes por qué las cosas son como son en el mundo, como es el caso de este relato, además de transmitir los valores de la sociedad y su visión del mundo.

Los uliger los cuentan normalmente los uligershin, una especie de bardos que se acompañan en sus recitados del morin juur, un instrumento musical parecido al cello, pero de sólo dos cuerdas, que ha llegado a convertirse en un símbolo de Mongolia. Y también como en otras muchas tradiciones orales, los relatos se contaban durante el invierno, cuando el grupo se reunía en torno al fuego, pues decían que, si los uliger se contaban en verano, se corría el peligro de que volviera el frío (Seb Durban, 2007).

Fuentes

  • Hakin, J. et al (1932). Asiatic Mythology. Nueva York: Crowell.
  • Metternich, H. R. (1996). Mongolian Folktales. Boulder, CO: Avery.
  • Odigon, S. (2012). The Origin of Evergreen Trees. Circle of Tengerism: Buryat Mongol Homepage. Recuperado el 18 Sep. 2013 de: http://www.tengerism.org/Buryat_Mongolian_Mythology.html
  • Seb Durban, D. (2007 Enero, 13). Uliger, o ¿por qué las cosas son como son?. Evaristo Cultura. Recuperado de https://evaristocultural.com.ar/2007/01/13/uliger-o-por-que-las-cosas-son-como-son/
  • Sherman, J. (2015). The first evergreen tree. En Mythology for Storytellers: Themes and Tales from Around the World (pp. 203-204). Londres: Routledge.

 

Texto asociado de la Carta de la Tierra

Principio 10: Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.

 

Otros pasajes de la Carta que puede ilustrar

Preámbulo / Responsabilidad Universal.- Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud.

Principio 2: Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.

Principio 2b: Afirmar que, a mayor libertad, conocimiento y poder, se presenta una correspondiente responsabilidad por promover el bien común.

Principio 7e: Asegurar el acceso universal al cuidado de la salud que fomente la salud reproductiva y la reproducción responsable.

Principio 10d: Involucrar e informar a las corporaciones multinacionales y a los organismos financieros internacionales para que actúen transparentemente por el bien público y exigirles responsabilidad por las consecuencias de sus actividades.