La lagartija de esmeraldas

Guatemala

 

Érase que se era un padrecito santo que moraba al pie de una sierra, entre las inocentes criaturas del Señor, y al que todos los pobres de la región acudían en sus tribulaciones. En una mañana como esta acudió a él un indio menesteroso en demanda de algo con qué aplacar el hambre de su morada, y con voz de sentida angustia le narró sus penas, pidiéndole ayuda para remediarlas.

El buen padrecito, que por darlo todo nada tenía, sentíase conmovido por tanta miseria, y hondamente apenado por no poder aliviarla; y así conmovido y apenado púsose a implorar la Gracia Divina. Mientras rezaba mirando a su alrededor, sus ojos se posaron en una lagartija que a su vera se soleaba, y alargó hacia ella su mano, tomándola suavemente. Al contacto de esa mano milagrosa, la lagartija se trocó en una joya de oro y esmeraldas que entregó al indio diciéndole:

―Toma esto y ve a la ciudad y en alguna prendería empéñalo, que algo te darán por ello.

Obedeció el indio y, con lo obtenido, no solo remedió su hambre y la de los suyos, sino que pudo comprar alguna hacienda que luego prosperó, y cuando su situación fue holgada, años después, pensó que debía restituir al legítimo dueño aquella joya que de tanto provecho le había sido. Desempeñándola, en una hermosa mañana estival volvió con ella en busca del padrecito, a quien halló en el mismo sitio del primer encuentro, aunque mucho más viejo y, de ser ello posible, más pobre.

―Padrecito querido –díjole el indio–. Aquí le vuelvo esta joya que usted una vez me dio y que tanto me ha servido. Ya no la necesito, tómela usted, que con ella acaso pueda socorrer a otro. Muchas gracias, y que Dios lo bendiga.

El viejecito nada recuerda ya. Con aire distraído la toma, depositándola con suavidad sobre un peñasco. Nuevamente, y por el milagro de sus manos, aquel objeto precioso vuelve a ser lo que antes había sido, una lagartija, que echa a andar lenta en dirección a su cueva.

Adaptación de Juan Burghi (1969).

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Comentarios

El escritor uruguayo Juan Burghi (1899-1985) decía en 1969, justo antes de escribir este relato, «acude a mi mente una leyenda de tierras aztecas, leída no recuerdo dónde y titulada “La lagartija de esmeraldas”». No mucho después, en 1985, Anderson Imbert escribiría:

Burghi olvidó la procedencia de su cuento (…) No; no es de tierra azteca sino maya; y el autor de «La lagartija de esmeraldas» es el guatemalteco Carlos Samayoa Chinchilla (1898-1973). (1985, p. 55)

Pero, a partir de ahí, hay que decir que lo que escribe Carlos Samayoa Chinchilla no es original; es decir, no surge de su propia creatividad. Es una adaptación de un antiguo relato sobre los milagros del Hermano Pedro de San José de Betancur (1626-1667), un misionero franciscano canario, natural de la Isla de Tenerife, que terminaría siendo canonizado en 2002 y nombrado patrón de Guatemala y las Islas Canarias.

El Hermano Pedro, como se le sigue llamando en Guatemala, fundó el primer hospital de convalecientes y la primera escuela de educación popular (para niños y adultos) en la región. Muy avanzado para su época, en su escuela no se diferenciaba a las personas ni por sexo ni por raza, acudiendo igualmente niños y niñas, españoles, indígenas, negros y mestizos. De hecho, su carácter innovador se puede apreciar en que, ya en el siglo xvii, el Hermano Pedro prefería utilizar métodos educativos basados en las recompensas y los refuerzos, en vez del castigo, que se mantendría en la educación de los países occidentales hasta más allá de la mitad del siglo xx.

Como debería ser evidente en nuestro trabajo, en La Colección de Historias de la Tierra analizamos de forma crítica no sólo la invasión de las Américas por parte de las potencias europeas, sino también el empeño proselitista de sus religiosos por convertir al cristianismo y a la visión del mundo europea a unos pueblos que disponían ya de unas creencias y una visión del mundo con muchos más elementos sistémicos y ecocéntricos que las de los pueblos europeos, como ya evidenciamos en la investigación que dio lugar a esta Colección (Cutanda, 2016).     No obstante, no hemos tenido objeciones a la hora de incluir aquí un relato de este santo católico debido al hecho de que, al menos, su alto grado de compasión le llevó a realizar una impresionante labor social en la atención a las personas más vulnerables y necesitadas, hecho por el que se le recuerda en gran medida y que llevó a la Iglesia Católica a nombrarle patrón de las personas que no tienen hogar.

Por otra parte, habrá que tener en cuenta también que el Hermano Pedro no era, precisamente, el típico misionero de la «Conquista» de América, de clara mentalidad etnocéntrica europea. Aunque tenía entre sus antepasados a Jean IV de Béthencourt, que inició la conquista de las Islas Canarias en 1401, Pedro era más bien descendiente directo de guanches y canarios; es decir, los aborígenes de las islas de Tenerife y Gran Canaria respectivamente (Pedro de San José de Betancur, s.f.).

 

Fuentes

  • Anderson Imbert, E. (1985). En torno a una «tradición» de Ricardo Palma. En Boletín de la Academia Argentina de Letras, 195-196, (enero-junio 1985), 53-64. Recuperado de https://www.letras.edu.ar/wwwisis/indice/Boletin%201985%20-%20195-196.pdf
  • Burghi, J. (1969). Una lagartija. En Zoología lírica, pp. 115-117. Buenos Aires: Kapeluz.
  • DeSpain, P. L. (1999). The Emerald Lizard: Fifteen Latin American Tales to Tell. Atlanta, GA: August House Pub. Inc.
  • Pedro de San José de Betancur (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 19 Septiembre 2020 de https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_de_San_Jos%C3%A9_de_Betancur
  • Pilón, M. (1980). La lagartija de esmeraldas. En El Hermano Pedro: Santo de Guatemala. Guatemala: Editorial Académica Centroamericana.
  • Sapp, J. (2006). The Emerald Lizard. En Rhinos & Raspberries: Tolerance Tales for the Early Grades (pp. 45-47). Recuperado de: http://www.jeffsapp.com/jeffsapp.com/513_Four_files/R_R.pdf

 

Texto asociado de la Carta de la Tierra

Principio 2b: Afirmar, que a mayor libertad, conocimiento y poder, se presenta una correspondiente responsabilidad por promover el bien común.

 

Otros pasajes de la Carta que puede ilustrar

Preámbulo: Responsabilidad Universal.- Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud.

Principio 9: Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.

Principio 9c: Reconocer a los ignorados, proteger a los vulnerables, servir a aquellos que sufren y posibilitar el desarrollo de sus capacidades y perseguir sus aspiraciones.

Principio 12: Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.

Principio 15: Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.