Los Naba Zid-Wendé

Pueblo Mossi – Burkina Faso

 

En el principio era el vacío. Sólo existía el Reino de la Verdad Eterna, que estaba gobernado por los Naba Zid-Wendé.

         Hastiados del vacío, los Naba Zid-Wendé crearon la tierra y, más tarde, el día, la noche y el tiempo. Crearon el sol para iluminar el día y facilitar el trabajo, y la luna para que la noche fuera el tiempo del reposo.

         Al principio, la tierra no tenía forma y era todo fuego, pero los Naba Zid-Wendé le ordenaron al fuego que abandonara la superficie de la tierra y se fuera a vivir a su interior, para que la tierra fuera un lugar habitable para los seres que iban a crear, y el fuego obedeció. Después, enviaron el viento a la tierra para que la enfriara.

         Primero, para asegurarse de que la tierra era suficientemente sólida como para soportar peso, crearon al camaleón. En cuanto se convencieron de que la corteza terrestre era capaz de soportar el peso del camalón, crearon a la serpiente, para asegurarse de que la tierra estaba suficientemente fría para ser habitada. Cuando vieron que la serpiente se arrastraba por el suelo sin lamentarse por el calor, los Naba Zid-Wendé crearon a los animales grandes, como el elefante, el rinoceronte, el búfalo, la jirafa… La superficie de la tierra era lo suficientemente fuerte y fría para sostener y permitir la vida de todos.

         Al final, los Naba Zid-Wendé crearon a los seres humanos. Los crearon muy negros, no sólo porque el negro es un color muy fuerte, sino también para distinguirlos del sol, que es rojo, y de la luna, que es blanca. Finalmente, les insuflaron su aliento y, con ello, les dieron alma, haciéndolos así los seres más iluminados.

         Los Naba Zid-Wendé dieron la bienvenida a los seres humanos con una inconmensurable sonrisa, que se transformó en el cielo. El cielo se quedó sujeto de tal modo que se podía tocar con sólo levantar la mano. Pero lo mejor de todo es que ese maravilloso cielo era comestible. Y más allá del cielo crearon las estrellas y otras muchas cosas.

         Todo iba bien. Los seres humanos no tenían necesidad de trabajar para poder comer. Todo el alimento que necesitaban estaba a su disposición.

         Pero llegó un momento en que los seres humanos, insatisfechos con su suerte e impulsados por la arrogancia y la curiosidad, comenzaron a quejarse a los Naba Zid-Wendé, acusándoles de haber ocultado algo importante debajo de las montañas. De modo que los seres humanos comenzaron a cavar las montañas, pero no encontraron otra cosa que una capa ardiente, que no era otro que el fuego. Y el fuego se inflamó con gran intensidad, porque estaba furioso con los Naba Zid-Wendé y estaba celoso de los humanos. Y las llamaradas del fuego se elevaron hasta el cielo, quien, huyendo del calor, se elevó hasta las alturas de las estrellas, al Reino de la Verdad Eterna, donde las llamas no pudieran alcanzarle.

         Pero los seres humanos ya no podían alimentarse del cielo, debido en última instancia a su propia arrogancia. Entonces, para humedecer de nuevo la tierra y para que los seres humanos pudieran alimentarse, los Naba Zid-Wendé crearon ríos y arroyos, plantas y árboles. Y crearon a las flores, para embellecer la tierra, y crearon los aromas de las flores, para que los humanos pudieran aspirar el perfume de la vida.

         Los seres humanos se multiplicaron y, con el tiempo, se fueron haciendo cada vez más arrogantes, cometiendo cada vez más mezquindades. Preocupados con lo que veían, los Naba Zid-Wendé hicieron un gran lago, y dijeron a los seres humanos:

         ―Id y bañaos en el lago, y seréis purificados.

         Pero los seres humanos estaban preocupados con otras cosas, de modo que no fueron al lago a darse aquel baño purificador, y el fuego aprovechó aquella oportunidad diluir el odio, la envidia y la división en el agua del lago.

         Un día, viendo que los seres humanos no estaban interesados en purificarse, los Naba Zid-Wendé decidieron retirar su favor, y enviaron al sol para que secara el lago. Y fue el último día, antes de que el lago se secara del todo, cuando los seres humanos se movilizaron para darse el baño purificador.

         El primer grupo de humanos que se bañaron en las aguas del odio y la división emergieron del agua completamente blancos, de la cabeza a los pies. El segundo grupo que entró en el agua salió de ella de color amarillo. Y el tercer grupo salió del agua de color rojo cobrizo. Para cuando llegó el último grupo, el sol ya había secado la casi totalidad del agua del lago, de tal suerte que sólo pudieron mojarse los pies y las manos en el agua. Salieron de allí con las plantas de los pies y las palmas de las manos blancas, amarillas y rojizas, mientras sus cuerpos seguían siendo de color negro.

         Los Naba Zid-Wendé volvieron posteriormente para ver a sus criaturas en la tierra, y se pusieron a crear un último animal con arcilla.

         Las plantas y los animales organizaron una fiesta para celebrar la llegada de los Naba Zid-Wendé, pero las razas humanas estaban muy ocupadas repartiéndose la tierra y esclavizándose unas a otras, de modo que no participaron en la fiesta. Los Naba Zid-Wendé se pusieron muy tristes, al punto que se olvidaron de acabar a su última criatura. Ésta se puso a gritar para que le dieran una cabeza, unas patas y una cola.

         Los Naba Zid-Wendé, sumidos en la tristeza, terminaron sin ganas y a toda prisa a su última criatura en arcilla, que es lo que justifica el aspecto de la tortuga.

 

Adaptación de Sybson Yawo Sema (2019).

Bajo licencia Creative Commons CC BY-NC-SA.

 

Comentarios

La historia original la plasmó por escrito Frederic Guirma en 1971, y él afirmaba que se la habían transmitido sus antepasados.

Al respecto de las tradiciones de África Occidental, además de la transmisión oral dentro de las familias, resulta esencial conocer el destacado papel interpretado en este sentido por los griots, una suerte de trovadores, narradores de historias, poetas, músicos y depósitos de tradiciones ambulantes, que constituyen una casta aparte entre los numerosos pueblos de la región.

 

Fuentes

  • Guirma, F. (1971). The Naba Zid-Wendé. In Tales of Mogho (p. 113). New York: Macmillan.
  • Railsback, B. (2000). Creation Stories from Around the World. University of Georgia. Retrieved from http://www.gly.uga.edu/railsback/CS/CSIndex.html.

 

Texto asociado de la Carta de la Tierra

Preámbulo: La situación global.- Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados.

 

Otros fragmentos de la Carta que puede ilustrar

Principio 9a: Garantizar el derecho al agua potable, al aire limpio, a la seguridad alimenticia, a la tierra no contaminada, a una vivienda y a un saneamiento seguro, asignando los recursos nacionales e internacionales requeridos.

 

Principio 12a: Eliminar la discriminación en todas sus formas, tales como aquellas basadas en la raza, el color, el género, la orientación sexual, la religión, el idioma y el origen nacional, étnico o social.