Sin sesos

Sufismo magrebí – Túnez, Argelia

 

Un día, Ŷḥā vio pasar a un grupo de vecinos ataviados con ropas y banderolas de colores, y armados hasta los dientes.

―Pero, ¿dónde vais así vestidos? –preguntó Ŷḥā sorprendido.

―¡Nos vamos a la guerra! –respondió uno de los vecinos– Un emir vecino está ofendiendo a nuestro emir, y está diciendo que no somos suficientemente hombres como para enfrentarnos a su ejército. De modo que vamos a demostrarle quiénes somos.

―La batalla va a ser dura –dijo otro–, y tendremos ocasión de conquistar la gloria.

―¡Magnífico! –exclamó Ŷḥā– Creía que nunca tendría ocasión de conquistar la gloria por mí mismo. Además, nunca he estado en una guerra, y eso debe de ser emocionante.

―¡Pues, entonces, ven con nosotros! –le dijeron.

Y pocos días después llegaron a la guerra; y, en cuanto el capitán de su escuadra dio la orden de salir y cargar contra el enemigo, ¡a Ŷḥā le dieron un flechazo en toda la frente!

―¡Rápido! ¡Llevadlo al cirujano! –gritó uno de sus vecinos que le vio caer.

Lo metieron en una jaima en la retaguardia y el cirujano examinó la herida preocupado.

―La flecha debe de haber alcanzado el cerebro –dijo el médico a su ayudante–. Podríamos extraerla, pero el peligro estriba en la cantidad de sesos que nos llevemos detrás.

Y Ŷḥā, abriendo los ojos con esfuerzo, le dijo al cirujano:

―No se preocupe, señor. Puede usted sacar la flecha tranquilamente. No tema. No arrastrará con ella mis sesos.

―¡Usted cállese! –exclamó el cirujano– Aquí, quien entiende de esto soy yo. ¿Cómo sabe usted que la flecha no le ha llegado al cerebro?

―Pues porque si yo tuviera sesos en lo más mínimo, jamás se me habría ocurrido venir a la guerra con mis vecinos.

 

Adaptación de Grian A. Cutanda (2020).

Bajo licencia Creative Commons CC BY-NC-SA.

 

Comentarios

El personaje que en Túnez se conoce con el nombre de Ŷḥā no es ni más ni menos que el célebre Mul-là Nasrudín (Mollah Nar al-Dīn) de la tradición oral sufí persa, el Nasreddín Hoca del sufismo turco, conocido en todos los países de tradición musulmana con diversos nombres: Ŷuḥā, Ŷeḥā, Naṣr al-Dīn Joŷa, Ŷawha o Goha, entre otros muchos apelativos (Thomas de Antonio, 1993, p. 190).

Nasrudín es un arquetipo del inconsciente colectivo humano, el arquetipo del Embaucador –Trickster, en inglés–, un antihéroe que parece ofrecernos un modelo moral ciertamente deficiente, intentando confundir o engañar a otros personajes, sin respetar normas ni convencionalismos sociales. Pero, además, es una figura desconcertante, capaz de conducirse de forma ingeniosa e inteligente unas veces, o de manera totalmente torpe en otras.

En el Embaucador se combinan «el tramposo y el payaso, el sabio y el bufón, el maestro y el loco, el transgresor social y el ciudadano ejemplar, el creador del mundo y el que lo trastocó todo en él. El Embaucador es todo al mismo tiempo» (Cutanda, 2016, p. 238).

El arquetipo del Embaucador aparece en casi todas las culturas del planeta: como Anansi la Araña en las culturas africanas; como el Coyote o la araña Iktomi en las culturas nativas de América del Norte; como el dios Bamapana en la mitología de los pueblos aborígenes de Australia. Incluso, en nuestra cultura moderna, el Embaucador aparece bajo la figura de Bugs Bunny o de Pippi Calzaslargas.

En los mitos de las culturas ancestrales suele emerger como un héroe cultural, el que hace posible la sociedad humana –como el Cuervo en las culturas del norte de Canadá y el Ártico– y sirve de nexo de comunicación entre los primeros seres de la Creación.

Pero, por detrás de esa apariencia de moral deleznable y antisocial, el Embaucador es un verdadero maestro de la sociedad. Como sostiene Wesley-Esquimaux (2011, p. 198):

Incluso desde un punto de vista contemporáneo, podemos ver a través de esta representación dicotómica y de sus comportamientos cómicos, torpes, lujuriosos, glotones, avariciosos y normalmente egoístas, hasta la figura del embaucador como héroe que aprende y enseña no sólo independencia, (…) sino también interdependencia (…). Desde el principio, el embaucador y los primeros seres son figuras interrelacionadas e interdependientes que enseñan y aprenden duras lecciones acerca de lo que supone ser un ser humano en un mundo demasiado humano.

En resumen, el Embaucador se convierte en un arquetipo de mediación entre pares de opuestos, dando así imagen a la incertidumbre y la complejidad de nuestra experiencia humana de la vida. Es una imagen del egoísmo humano y, al mismo tiempo, una advertencia contra él.

Pero, quizás su papel más importante en las culturas sea el de válvula de seguridad. Pues, si una sociedad pierde el norte, «el arquetipo desconcertante y transgresor del Embaucador inspirará desde el inconsciente colectivo a algunos de sus miembros para que pongan las cosas en su sitio» (Cutanda, 2016, p. 239). Como afirman Conroy y Davis, 2002, p. 256), el Embaucador «cumple una función ritualizada a la hora de burlarse y de poner en cuestión las fuerzas del status quo».

 

Fuentes

  • Conroy, J. C. y Davis, R. A. (2002). Transgression, transformation and enlightenment: The Trickster as poet and teacher. Educational Philosophy and Theory, 34(3), 255-272. doi: 10.1111/j.1469-5812.2002.tb00303.x.
  • Cutanda, G. A. (2016). Relatos tradicionales y Carta de la Tierra: Hacia una educación en la visión del mundo sistémico-compleja (Tesis doctoral). Universidad de Granada, Granada, España.
  • MacDonald, M. R. (1992). A man with no brain. En Peace Tales: World Folktales to Talk About (pp. 21-22). Little Rock, AR: August House Publishers.
  • Muzi, J. (2006). Un hombre sin cerebro. En 30 Cuentos del Magreb (pp. 79-80). Bilbao: Bakeaz.
  • Thomas de Antonio, C. M. (1993). Ŷuḥā, un personaje popular en el Magreb y en todo el mundo árabe. Al-Andalus – Magreb, 1, 187-224. Disponible en https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/63167/Yuha%2C personaje popular.pdf
  • Wesley-Esquimaux, C. (2011). Myth and the unconscious: Speaking the unspoken. Pimatisiwin: A Journal of Aboriginal & Indigenous Community Health, 9(1), 193-217.

 

Texto asociado de la Carta de la Tierra

Principio 16f: Reconocer que la paz es la integridad creada por relaciones correctas con uno mismo, otras personas, otras culturas, otras formas de vida, la Tierra y con el todo más grande, del cual somos parte.

 

Otros pasajes de la Carta que puede ilustrar

Principio 6c: Asegurar que la toma de decisiones contemple las consecuencias acumulativas, a largo término, indirectas, de larga distancia y globales de las actividades humanas.

El Camino Hacia Adelante: El proceso requerirá un cambio de mentalidad y de corazón.